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Palabrita de escritor.

11-ESE

11-ESE

Hace más de un mes que se celebró la fatídica fecha del once de septiembre, el día que cuatro subnormales cargados de odio y religión entregaron al presidente más capullo y con más armas de la tierra un cheque en blanco para atacar a la humanidad. Hace cinco años y un mes que Bush, el presidente marciano -pues humano no es-, decidió que la mejor forma de vengar a aquellos inocentes de las torres gemelas era matando y mucho a otros tantos inocentes de Afganistán, Irak y de cuantos países carecieran de la fuerza necesaria para defender a su población.

El once de septiembre debería ser un día de reflexión. Pero no sobre las armas, sobre el poder y todas esas majaderías que la humanidad ya tiene reflexionadas, habladas y escritas. No. Habría que reflexionar sobre la estupidez humana, sobre la estupidez de los que mandan y de los que se dejan mandar; sobre la estupidez de los que consentimos que cuatro cafres al mando de un avión hiciesen que el mundo se tambalease, de los que consentimos que un capullo caoboy lanzara su ineptitud y sus bombas sobre gente indefensa.

Ya que en occidente somos tan proclives a dedicar días a sandeces tales como el «día sin humo», el día del padre» o el «día de las bicicletas sin sillín», propongo que el once de septiembre se dedique a la estupidez bípeda. No cabe duda de que toda la humanidad, sea cual sea su lengua, religión o color de la piel se sentiría identificada con tan glorioso y estúpido día.

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