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Palabrita de escritor.

De amor y política.

De amor y política.

«Que todo lo que entre de forma ilegal, salga». Así de contundente quiso mostrarse el otro día mi querida vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega. No hablaba, como en un principio pensé, de falos nocturnos en el barrio chino. No. Tampoco se refería a esos programas de señoritas en pelota picada que entran sin avisar en el ordenador. Niet. De la Vega -«la Vice» para los amigos- hablaba de seres humanos, de personas, de los emigrantes subsaharianos que logran llegar a la puerta de Europa. Que son cientos, sí, que son una invasión, puede, que más alemanes llegan en un día a Mallorca y en vez de una invasión es una alegría, también. Pero, como mínimo son tan personas como ella y el respeto a los demás siempre fue santo de la devoción de las buenas formas. Como dice el refrán: El respeto es el poema de amor de la dignidad humana.

Aunque bien pensado, exigir a un político que emulsione en el mismo contexto los conceptos respeto, amor y dignidad sería pedirle demasiado. ¿Se imagina el lector solicitando tal desmesurada hazaña al presidente aquel que reñía a los ciudadanos? Sí, hombre, ese del bigote. Tan joven y la memoria ya me va haciendo estragos; casi ni recuerdo la foto de las Azores. Y es que el tiempo pasa y los recuerdos se van amontonado y desvirtuando como un montón de estiércol. Menos mal que los políticos nunca defraudan y reaparecen dando nuevas formas a los viejos estilos.

...Por cierto, hablando de políticos y estilos: ¿Entrarían quizá los modelitos de la Vice en su ropero de forma ilegal?

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