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Palabrita de escritor.

La compañía abrefácil

Ayer tardé dos minutos en abrir con las manos una bolsa de queso rallado con la inscripción «abre-fácil». Aunque con esfuerzo, conseguí al fin aderezar mis macarrones con el susodicho lácteo, aunque la cosa me dejó algo dubitativo. «Abre-fácil» sólo debería decir que se abre fácilmente, pero lo cierto es que la gloriosa hazaña a la que hago referencia fue cualquier cosa excepto eso. A mi modo de ver, siendo profano en materia lingüística, creo que sería más correcto llamar a los productos de ese tipo -puestos a inventar palabrejas compuestas- algo así como «se-abre-con-las-manos» o «sin-necesidad-de-tijeras».

Luego, viendo las noticias me di cuenta de que estos desatinos lingüísticos no son exclusivos de las empresas del sector alimentario. Una compañía aérea de «bajo coste» de cuyo nombre no quiero acordarme, se anuncia en Barcelona regalando billetes de avión a todo el que se manifieste contra Iberia. A lo que digo yo: si tan poco dinero tiene esta empresa que no puede permitirse el lujo de anunciar sus productos en los medios tradicionales, más les valdría llamarse «compañía aérea de bajo presupuesto», o algo así, con un par. Y de paso, por eso de la solidaridad y toda esa mandanga, quizá consigan llevarse algún que otro cliente preocupado por la economía familiar de los pilotos de la empresa o de sus directivos.

Pero es que estas compañías de aviación de bajo presupuesto se creen muy modernas y juveniles, por eso hay alguna que trata a los pasajeros como si no hubiesen pagado el billete y les habla de tú. Que es es para decirles, oiga, que para pagar y que me falten el respeto ya me voy con la Manoli, que además de conocida, da menos miedo que sus aviones y me cobra más barato. Porque a la postre, resulta que la opción preferible siempre es la de quedarse en casa y preparar unos buenos macarrones, por la cosa de que es mejor pelearse con el «abre-fácil» del queso rallado, que con una azafata moderna y maleducada.

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