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Palabrita de escritor.

Cataluña

Quisiera anunciar a los cuatros vientos que mi país es Cataluña. No se sorprendan: Cataluña ha cambiado su aspecto y sus fronteras. De ser una región, una comunidad autónoma ha pasado a entrar en la lista de naciones europeas, en la todopoderosa y ninguneada ONU, con el nombre de "Monarquía Parlamentaria de Cataluña".
Se preguntarán: ¿Ya es independiente? No, por Dios, que cosas dicen... Cualquier ilustrado sabrá que la meta del nacionalismo catalán es arrebatarle el poder a Castilla; aquello de tanto monta, monta tanto, que nunca llegó a hacerse realidad.
Pues bien, hartos los catalanistas de no poder gobernar España, se han atado los machos y le han cambiado el nombre al País. Caminante no hay camino, se hace camino al andar, que diría el poeta catalán. Eso han hecho. Andar un camino inexistente hasta la cúpula de la Nación Española, gobernarla desde la Generalitat, y de forma tímida por el momento, cambiarle el nombre.
Ya noté el principio del cambio en los días del fórum, cuando un mexicano de Cuernavaca me explicaba lo bella que era Cataluña y su gente; Pero- me decía- que no era la primera vez que estaba en Cataluña, que hacía un par de años veraneó en Sevilla.
Lo mismo me pasó con un compañero argentino, que fardaba de que todas sus amistades eran catalanas, y tambien su novia, catalana de Murcia.
Pero ayer ya vi el cambio real, cuando ante la crisis en el Parlament intervino el ministro Montilla- o sea, ministro de Cataluña- a poner orden.
Si es que por mucho que nos empeñemos, estamos en el siglo XXI, y éste es el siglo de la Nación catalana. Por eso los alemanes están como locos por venirse a Cataluña, más concretamente a Mallorca, y yo, dispuesto a pasar unos días en la ciudad de Madrid, en la capital de la nueva Monarquía Parlamentaria de Cataluña.
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